Los partidos políticos a los que nos referimos, PRI, PAN y PRD (principales fuerzas políticas), tienen una historia y formación diferentes, los tres se declaran a favor del alcance de la democracia plena y de alcanzar una calidad de vida óptima para toda la población a la que sirven. Para este apartado, analizaremos los temas comunes en que los partidos se hacen partícipes con la población, sin olvidar que cada uno propone su propio alcance en la plataforma política de acuerdo, sobre todo, a la ideología que sigue y a la demanda de apoyo social que surge en la misma sociedad.
En primer lugar podríamos citar el compromiso de los Partidos Políticos con la cultura política de la gente. Partiremos de que en la actualidad, el acontecer político es un tema de opinión y crítica social en el medio que nos encontramos. En todos lados es normal escuchar opinar sobre política y si bien la gente no participa de forma activa, al menos hablamos de una cultura política ciudadana, es decir, en la que existe conciencia en la ciudadanía sobre la existencia de Poder político pero al mismo tiempo existe subordinación hacia éste. La cultura política entonces la podemos percibir como el conjunto de valores, concepciones y actitudes que se orientan hacia el ámbito político. El nuestro no es un país politizado en este sentido al cien por cien, pero al menos la gente reconoce y se ampara del poder político, no ven encima de él otro ente que pueda resolver sus demandas y necesidades como sociedad.
Ahora bien, es cierto que la cultura política establece el vínculo entre individuos y las estructuras políticas al conectar las tendencias individuales con las características del sistema. Aquí entra el quehacer de los partidos y de esto depende en gran medida la inclinación de la gente hacia una ideología determinada. Las ofertas sociales que ofrecen los partidos se pueden apreciar de diferentes formas: en su propia estructura y estatutos, en sus propuestas en campañas electorales, así como en sus políticas públicas cuando alcanzan un cargo administrativo. Por el momento, analizaremos lo referente a sus documentos.
A gran escala, podríamos polarizar las ideologías y tendencias de los tres partidos políticos más grandes en México: el PRD a la izquierda, el PRI en el centro y el PAN a la derecha. Este marco nos sirve para comparar la manera de tratar los asuntos en los que cada partido se siente competente en la vida de la ciudadanía. Los tres coinciden en asumir responsabilidad en el proceso de transición democrática del país y proyectan cambios en la estructura del Estado y de sus instituciones que lo conforman.
Corresponde a la actividad política el establecimiento de un orden dinámico que respete la libertad y promueva la responsabilidad social como bases para el desarrollo de una comunidad democrática, sustentable y solidaria(1). El partido político debe contribuir a la creación de la dimensión ética de la política, sustentada en el humanismo, en los valores del pensamiento crítico, el compromiso democrático y la vocación social(2) . Por otro lado, se refiere que la política es el camino para conciliar intereses respetando las diferencias. Por eso el partido político debe rechazar las imposiciones autoritarias que pretenden acreditarse en la supuesta infalibilidad de criterios técnicos o científicos que rehuyen la discusión y evaden sustentarse en la construcción de acuerdos(3).
Si la plataforma política anterior no basta para manifestar la responsabilidad visible de los partidos para con la sociedad, es importante también mencionar la plataforma electoral, en donde es más clara la interacción de las organizaciones (usemos este término para referirnos a los partidos políticos, a fin de cuentas son organizaciones de carácter político.) con la ciudadanía, es decir, aquellos que gozan de derechos políticos en la sociedad. La democracia es un tema tan complejo y diverso que se hace imposible resumirla a una frase concreta. Es difícil definirla y lo es más observarla como práctica de una vida social o como base de un modelo político determinado. La gente por lo general confunde a la democracia con la práctica meramente electoral, pero no están lejos de la realidad, puesto que en ese acto se observan rasgos distintivos de ella, por ejemplo, la participación ciudadana para la elección de sus representantes, el voto como unidad y su significado en el resultado electoral, la identidad de las masas con las ideologías candidatas, la representación legítima del poder, etcétera.
Definir la democracia es importante porque establece qué cosa esperamos de ella. Si vamos a definirla de manera irreal, no encontraremos nunca realidades democráticas. Y, a veces, cuando declaremos “esto es una democracia” o “esto no lo es”, quedará claro que el juicio depende de la definición o de nuestra idea sobre qué es la democracia, qué puede ser o qué debe ser. Si definir la democracia es explicar qué significa el vocablo, el problema se resuelve rápido: basta saber un poco de griego. La palabra significa, literalmente, poder (kratos) del pueblo (demos). Mas de esta manera habremos resuelto sólo un problema de etimología: únicamente se ha explicado el nombre. Y el problema de definir la democracia es mucho más complejo. El que la palabra democracia tenga un preciso significado literal o etimológico, no ayuda para nada a entender a cuál realidad corresponde ni cómo están construidas y funcionan las democracias posibles. No nos ayuda porque entre la palabra y su referencia, entre el nombre y la cosa, el paso es larguísimo(4).
Si es verdad que la dicción nos desvía, ¿por qué denominar las cosas con etiquetas que no corresponden? Se ha constatado que las democracias son en sí “poliarquías”(5). Admitida la afirmación como exacta, ¿por qué no llamarlas así? La respuesta es que aun cuando el término democracia no nos sirve para fines descriptivos, es necesario para efectos normativos. Un sistema democrático es ubicado por una deontología(6) democrática, y ello porque la democracia es y no puede ser desligado de aquello que la democracia debería ser. Una experiencia democrática se desarrolla a horcajadas sobre el nivel entre el deber ser y el ser, a lo largo de la trayectoria signada por las aspiraciones ideales, que siempre van más allá de las condiciones reales.
De ello se deriva que el problema de definir a la democracia se desdobla, porque, si por un lado la democracia requiere una definición prescriptiva, por el otro no se puede ignorar la definición descriptiva. Sin la verificación, la prescripción es “irreal”; pero sin el ideal, una democracia “no es tal”(7). Ahora bien, por democracia literal o etimológica se entiende la democracia explicada por la palabra. Democracia quiere decir “poder popular”. Si esto es así, las democracias deben ser lo que dice la palabra: sistemas y regímenes políticos en los que el pueblo manda.
En cuanto al pueblo se refiere, se debe subrayar la cuestión del criterio decisional, no un criterio electoral. Elegir es una cosa, decidir es otra; y el ámbito de decisión es inconmensurablemente más extenso que el de elección. Entonces, el pueblo que decide en términos de principio mayoritario absoluto es, las más de las veces, un cuerpo que representa al pueblo y que refleja, en gran parte, a la mayoría que lo elige. Al final de este trayecto queda como cierto que el pueblo contabilizado por el principio mayoritario absoluto se divide en una mayoría que toma todo y una minoría que pierde todo, lo cual permite a la mayoría, si así se requiere, reducir a la minoría a la impotencia, lo cual no puede ser permitido. Esto se resume a que no existe una mayoría sin el reconocimiento de una minoría, aquellos que pierden pero que sin ellos, el poder de los mayoritarios no se legitima porque sería absoluto y rompería los esquemas de la propia democracia.
Ahí entonces, en la práctica de comicios, es donde nuestros partidos políticos dejan una impresión grande en la gente y dejan en claro sus pretensiones y sus propios alcances. La gente y las organizaciones partidistas saben que forman parte de la estructura democrática del Estado y su interacción es parte esencial de esta práctica. La responsabilidad de los partidos con la sociedad entonces se vuelve más evidente, por una parte y como se mencionó anteriormente, por el fomento de la cultura política y por la otra, la interacción directa al momento de elegir representantes. También se citó superficialmente a la militancia, al mencionar que cada partido implanta estatutos con los que sus integrantes se rigen y a su vez, el partido vela por los intereses acordados en ellos.
Citas en el ensayo:
1. Proyección de principios de Doctrina del PAN, 2002, en www.pan.org.mx, pag. 4.
2. Declaración de Principios del PRD, 2001, en www.prd.org.mx, pag. 2.
3. Declaración de Principios del PRI, 2002, en www.pri.org.mx, pag. 18.
4. Sartori, Giovanni, ¿Qué es la Democracia? 1ª edición, Editorial TAURUS, México, 2003, pag. 21
5. El teórico que puso de moda el concepto fue Robert Dahl (citado por Sartori en su obra), en un libro llamado "La poliarquía" en el que consideraba la democracia un procedimiento con una serie de requisitos (elecciones libres, periódicas y competitivas) y separaba el sistema político de los éxitos que éste pudiera alcanzar en la provisión de cotas de bienestar material a sus ciudadanos.
6. Rama de la Ética cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y las normas morales. Se la conoce también bajo el nombre de "Teoría del deber". Junto con la axiología es una de las dos ramas principales de la Ética normativa.
7. Sartori, pag. 22.
Oscar López Castañón.